viernes, 22 de noviembre de 2013

Si tú me dices ven lo dejo todo...pero dime ven (y a lo mejor ya te has ido y no puedo ir)


Llevo unos días un poco como un generador de onda cuadrada, y tanto en esos momentos de buah! me como el universo o buah! solo soy una parte pequeña del universo, me entra ese espíritu recorredor de vida pasada que inevitablemente me hace recordar a las personas importantes que he tenido en mi vida, mis perlas.

Antes de contaros la historia de las perlas (la cual saqué del libro que hoy os presento) quisiera aparcar mi experiencia personal momentáneamente para introduciros en el mundo de Albert Espinosa.

Albert Espinosa (1973-)
Ingeniero Industrial de formación, aunque nunca ejerció como tal, es escritor, guionista, autor teatral, actor y director de cine.
Tuvo una enfermedad en la adolescencia (osteosarcoma) en la que tuvieron que amputarle una pierna. Sufrió metástasis y tuvieron que operarle posteriormente en varias ocasiones para extirparle un pulmón y parte del hígado. Sin duda una experiencia que marcará su vida.

Entre sus trabajos más destacados dentro del mundo del cine y la televisión se encuentran el guión de la película "Planta 4ª" o la serie "Pulseras Rojas" (adaptación del libro "El mundo amarillo"), aunque cuenta con muchos otros guiones como los de las películas "Va a ser que nadie es perfecto" o "Tu vida en 65'".

En cuanto a literatura cuenta con 4 novelas: "Todo lo que podríamos haber sido tú y yo si no fuéramos tú y yo", "El mundo amarillo", "Brújulas que buscan sonrisas perdidas" y el que hoy os presento que es "Si tú me dices ven lo dejo todo...pero dime ven".

Si tú me dices ven lo dejo todo...pero dime ven

-Sinopsis:
Un hombre abandonado por su pareja revive su infancia para encontrarse a sí mismo, mientras busca a un niño desaparecido.
Dani se dedica a buscar niños desaparecidos. En el mismo instante en que su pareja hace las maletas para abandonarle, recibe la llamada de teléfono de un padre que, desesperado, le pide ayuda. El caso le conducirá a Capri, lugar en que afloraran recuerdos de su niñez y de los dos personajes que marcaron su vida: el señor Martin y George. El reencuentro con el pasado llevará a Dani a reflexionar sobre su vida, sobre la historia de amor con su pareja y sobre las cosas que realmente importan.



+info en: www.albertespinosa.com




Mis perlas
Este es el fragmento del libro:

(Conversación entre George y Dani)

—¿Quiénes son? —pregunté.
—Mis perlas. —Sonrió—. Cada año de mi vida he buscado
doce perlas. Doce personas que no conociera pero que se me
aparecieran y marcaran mi mundo de tal manera que mi yo
virara.
—¿Mi yo virara? —repetí.
—El Sr. Martín fue una perla de tu vida. —Me lo
ejemplificó y yo se lo agradecí—. Fue una joya que el mundo te
dio y, aunque han pasado los años, aún la conservas... Eso
confirma qué gran perla fue, pues el tiempo no le ha quitado
nada de su brillo ni de su intensidad.
Miré detenidamente aquel mural.

No podría deciros qué predominaba. Las perlas eran de
todos los colores, sexos y edades. Me gustaba contemplarlas...
No sé si estuve diez o doce minutos en silencio absoluto
admirando aquel collar... Aquel collar de perlas...
Había algo en esos rostros, en esas miradas, que
desprendía energía. Sonreí.
—Hay energía en ellos, ¿verdad?
Él también sonrió.
—Mucha. Tres de ellos son más que perlas... Son esas
energías especiales de las que te hablé en el barco, esas que has
de encontrar... Almas que se funden con la tuya propia.
—¿De verdad? —Estaba entusiasmado con esa definición.
De repente recordé lo que pasó tras la muerte del Sr.
Martín; quizá aquello fue su alma fundiéndose con la mía... No
podía estar seguro. Él continuó hablando:

—Con el tiempo, algunas perlas pasan a ser diamantes.
Cada ochenta o noventa perlas aparece un diamante... Un
diamante, para que me entiendas, es una de esas personas que
se hace tan básica y tan importante en tu vida que parece
creada únicamente para ti...



Sin duda este libro ha marcado mi vida, me pilló en la época más dura, y aunque he de reconocer que a veces creo no haber salido de ella, si me comparo a día de hoy con hace un año diré que estoy de puta madre.
Si toda esta historia de las perlas sigue hoy es porque llevo unos días recordando a mis diamantes. De momento tengo dos y aunque la historia del libro sitúe en 4 el máximo supongo que la respuesta una vez encontrado los 4 pueda ser que no renuncies nunca a conocer un nuevo diamante.

Quizás tuve la suerte de conocer a mis dos diamantes por imposición porque no tuve que buscarlos, ellos vinieron a mi, porque en el momento en el que nací y dije ¡hola mundo! ellos estaban allí ya para saludarme y decirme ¡ey tío, voy a estar contigo toda tu vida! En este momento pensaréis que hablo de Papá y Mamá, pero no es así, ¡ojo! no es que no los considere bellas personas, pero de momento son parte de mis perlas.

Diamante nº1. Señor E: añoro tu bigote rozando mi cara cuando llegabas siempre a mitad de la comida para repartir un par de besos (ahora si me puedes decir que lo hacías a drede eh ¡jodío ganso!). Echo de menos tus ganas de vivir, tus cosas naturales y anticiencia que te mantuvieron como una rosa, tus ejercicios en plan saber vivir que hacías todas las mañanas, tu ajoblanco, tu olor a ducados, tus corridas de toros...
No hay día que en la ciudad en la que me encuentre vea un cartel del circo y me vengas a la memoria, menudas tardes echábamos ¿verdad?. Espero que sigas siendo así donde te encuentres y que el circo de la vida nos haga sonreír o nos lave la cara si estamos tristes con el agua de la flor de un payaso.

Diamante nº2. Señor M: qué puedo decir de ti, si has estado conmigo toda la vida, y me has hecho sentir orgulloso e importante en lo que hiciera. Te fuiste y no me dio tiempo a terminar, lo siento, sé que lo querías ver antes de irte pero a veces no todo sale bien a la primera (o segunda o tercera). A veces te recuerdo y deseo volver a ser pequeño porque menos dormir hemos estado juntos casi todo el tiempo. Contigo he aprendido que si te haces una herida jugando, te chupas el dedo en saliva y la restregas mientras rezas que no pase nada porque tal y como tu lo veías, si Dios quiere, eso sana... me alegro de estar bien.
Sé que con tus ojos me has visto crecer, esos ojos siempre con tus gafas doradas (si vieras que hoy en día tus gafas están de moda entre jovenzuelos) pero yo con los míos no te he visto crecer porque ya estabas grande, tu tenías un corazón que no te cabía en el pecho.

Y aunque sé que las cosas ahora no van como las dejásteis, no quiero que penséis en que habéis hecho mal para que todo vaya ahora así. A veces, los mensajes no están hechos para todos los públicos y la gente se empeña en complicar lo que no tiene por qué. Es cierto que mientras estabais todo era más fácil para los demás. Aunque bueno para mi como podéis ver seguís estando presentes porque si tuviera que poner los espejos en los que mirarme sin duda iría al Ikea y me traería los modelos Eufraksön y Martinenssen, pero bueno de espejos y diseños hablamos otro día. Os echo de menos.


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